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Paco Amoroso se pasa del trap al pop electrónico: «De aquel Paquito quedó poco»

El cantante argentino lanzó su primer disco solista, «SAETA», y lo presentará el 4 de febrero en La Trastienda. Antes charló con El País.

Para cuando volvió a los escenarios en diciembre de 2021, Paco Amoroso llevaba casi dos años sin tocar en vivo. El músico argentino, una de las figuras más interesantes de la escena urbana y pop de los últimos años, había visto cómo la pandemia —al igual que le ocurrió a toda una joven generación de artistas de la movida— paraba en seco un ascenso a la cima a velocidad acelerada.

En algún momento, en todo ese largo período sin espectáculos, Paco sintió que todo estaba bien, que quizás se podía acostumbrar a vivir así. Pero entonces volvió la música de la mano de una nueva etapa artística, que lo encuentra sin su compañero CA7RIEL. Y entonces volvió el impulso.

“Me había olvidado de lo que era tocar en vivo y recibir esa energy, que era una parte muy importante de la nafta que tenía antes, lo que me hacía seguir adelante era la locura que pasaba cuando se tocaba en vivo”, dice desde la pantalla de su teléfono, en charla con El País.

“Y ahora volver es un sacudón”.

Paco Amoroso (Ulises Guerriero, 28 años) está de vuelta porque a fines de 2021 lanzó su primer disco solista, SAETA, una reunión de canciones de pop electrónico con las que cambia de piel y le pone música a la pista de baile. El mes que viene lo presentará en Montevideo, el 4 de febrero en La Trastienda; las entradas están en venta en Abitab (solo para vacunados).

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En pandemia, Paco se sumió en un estado de, dice, “desmotivación artística”, hasta que el año pasado logró “vomitar” un disco. Para eso hubo que estar encerrado y después, cuando comenzó a abrirse el panorama, hubo que salir. Entre la noche, las salidas clandestinas, las fiestas con amigos, el cantante absorbió una banda sonora que luego decidió trasladar a un álbum. Levó la música del club al estudio, y la devolvió al mundo en forma de una personal y disfrutable pieza discográfica.

En SAETA, de alguna manera se vinculó a su raíz de baterista para poner énfasis en el ritmo, el pulso primal, y correrse del camino que había explorado con sus primeras canciones solistas, “Mi deseo” y “Las Vegas”. Sobre eso, explica: «Uno de los productores del disco es Maxi (Sayes), el baterista de mi show, y con él me pude poner bien quisquilloso, ir detalle por detalle de algunos sonidos de batería y del audio que quizás antes no daba para eso. Y al hacerlo con él, en casa, desde cero, con otras pretensiones, me pude ir al pasado baterístico, y en temas como ‘Switch’ o ‘Chinga Sport’ se nota bastante».

El otro gran cambio de este disco pasa por su voz, sin rastros del, digamos, “viejo” Paco Amoroso, el del trap deforme con reminiscencias punk que le dio visibilidad internacional junto a CA7RIEL.

“Antes no me importaba nada, no tenía nada que perder con la música y no me importaba lo que decían las canciones, nada. No tenía noción de lo que estaba pasando”, reconoce. “Y creo que en un momento me empezó a importar demasiado y eso es un poco lo que pasó, en el sentido de que antes capaz que trataba de rimar cosas graciosas, triviales, y ahora me pasaron un montón de cosas personales que traté de volcarlas”.

Por eso SAETA, que es un disco fiestero y a la vez sombrío —“son canciones tristes y el objetivo era que nadie esté triste realmente”, explica él—, tiene tanto de transformación como de apertura y de desahogo.

“En mi naturaleza siempre está el hecho de cambiar e ir por algo nuevo, me sale así”, asegura Paco Amoroso. “Ahora salí de mi zona de confort que quizás era saltar y gritar y ser el más loquito arriba del escenario. Y no sé, siento que (se ríe) de aquel Paquito quedó poco ahora. Pero el disfrute sobre el escenario es más o menos el mismo, y en la gente noto la misma alegría. Podría decirse que es el mismo Paquito, pero con otra piel”.

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