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Buitres: “El credo de la banda es tocar de Montevideo a Bella Unión, en todo el país”

La banda volverá a tocar después de dos años, el 17 de febrero en el Parque Roosevelt. Antes, Gustavo Parodi y Gabriel Peluffo charlaron con El País.

El último recital de Buitres fue el 17 de febrero de 2020 en el Club Los Titanes La Tuna. Entonces, una de las bandas más populares del rock uruguayo planeaba presentar Mecánica popular, su último y muy buen disco de estudio, y proyectaba una gira nacional en salas pequeñas, todos sueños que una pandemia borraría de un plumazo.

Lo que vino después fue un puñado de intentos fallidos —por ensayar, por componer, por hacer un disco— y una necesidad de dedicarle el tiempo a “otra cosa”. O como explica Gabriel Peluffo: “Nosotros no somos artistas haciendo una obra de música culta para que quede para la posteridad. Es hacer y tocar. Esto tiene sentido porque tocás, y si no tocás, empieza a perder sentido todo”.

Pero ahora, Buitres está lista para volver. Exactamente dos años después de aquel recital, el jueves 17 de febrero a las 21.00, la banda se presentará en el ruedo del Parque Roosevelt con un show para todo público (es decir, sin restricciones relacionadas a la vacunación contra el covid) que ya tiene entradas a la venta enla red Abitab.

“Dos años es un montón de tiempo”, dice Gustavo Parodi, “pero creo que en ningún momento nos desesperamos por tocar”. Dice también que este regreso se debe a la presión de la gente, de su gente, y que lo único que quiere el grupo es enchufarse y salir. “No vamos a preparar un show especial por la vuelta”, le aclara a El País: “los Buitres, después de dos años, se suben al escenario y van a tocar para la gente, que es la parte importante de toda esta historia”.

Para Peluffo —que con Parodi y Pepe Rambao conforma el núcleo duro de esta banda que completan Orlando Fernández Federico Bianco—, la pandemia ordenó algunas prioridades. Le hizo entender lo mucho que se puede extrañar el escenario y le hizo ratificar que si lo que a Buitres le importa es tocar, entonces hay que tocar. Todo lo que se pueda.

“Y no hay mucha vuelta”.

Por eso, el show del Roosevelt, enérgico y cargado de los éxitos y la épica de siempre. Por eso, el intacto plan de poder configurar una gira nacional para tocar como “las viejas bandas”, bien cerca del público, con poca reamplificación y “sin mucha parafernalia”. Por eso, una cuestión casi de fe: “El credo de la banda —dice Peluffo— es tocar de Montevideo a Bella Unión, en todo el país”.

Y por eso, esta vuelta que se concretará en Canelones, el departamento donde actuaron por última vez y donde hoy Parodi, Peluffo y Rambao eligen vivir. Como antes, como cuando hace más de 40 años se conocieron, se pasaron música y le empezaron a dar forma a un proyecto que les cambiaría sus vidas, los tres decidieron que era hora de volver a pasar la mayoría de su tiempo en Costa Azul. “Y acá vamos a terminar”, asegura Parodi. “Yo intentando que estos vayan a jugar a las bochas…”.

Costa Azul, la tierra de Buitres

Sentado en el patio de su casa, a metros de la rambla y bien cerca del club, Gustavo Parodi cuenta que justo en la bajada que queda a la vuelta, la de la calle Ituzaingó, fue donde conoció a Gabriel Peluffo. De aquel verano de la adolescencia donde un amigo le dijo que a ese chiquilín, tres años menor que él, le gustaba cantar, pasaron por lo menos cuatro décadas y dos bandas fundamentales a la hora de entender el rock uruguayo como tal: Los Estómagos primero y luego, Buitres.

“El otro día, aprovechando una exposición de Los Estómagos que hay acá, le explicaba a la gente que en esa misma explanada del club era donde Peluffo hacía de Sandro, cantaba hasta las dos, tres de la mañana, y yo le tocaba la guitarra, zapateaba, ese tipo de cosas”, relata Parodi y Peluffo reacciona con una carcajada. “Y en una de esas conocí al Pepe, al que lo veía pasar por la esquina de mi casa en moto, cero bola, y con mi primo le gritábamos cualquier cosa”.

De Rambao, el mayor de los tres, Peluffo —el menor— dice que era un tipo altivo, que andaba en moto, usaba “una remera linda”, jugaba al billar y vivía con el cigarrillo entre los labios. De Parodi, el también médico dice que era “un crack”, básicamente porque tocaba la guitarra.

En una amistad hecha de noches, de música y de playa, Costa Azul juega un rol esencial. Es la tierra de las flores de “Fresias” y “El tercer deseo”, la de los amores de “Besos” y hasta el paisaje que caló en “Frío oscuro”. Es la infancia, la adolescencia y la familia; las historias fuertes, la sencillez, la playa que es río y que es donde siempre quieren volver a zambullirse. El lugar donde no son famosos y donde no hay margen para el personaje. El lugar en el mundo que hoy comparten otra vez, quizás con un café en una madrugada sobre la arena.

“Y si vos me decís que después de cada show puedo teletransportarme y estar en el fondo de mi casa, te lo firmo porque es el lugar donde quiero estar”, dice Peluffo. Parodi agrega: “Nuestra vida, la de nosotros tres, está marcada por este balneario, y a esta altura del partido, es definitivo”.

“Nuestra vida, la de nosotros tres, está marcada por este balneario, y a esta altura del partido, es definitivo”.

Gustavo Parodi
Sobre Parodi, Peluffo, Rambao y Costa Azul

—Y 40 años después de iniciada, esta amistad, ¿cómo la definen?

Parodi: ¡Como un milagro! (Se ríe)

—De afuera parecen personas demasiado diferentes…

Peluffo: Pero es verdad, somos realmente diferentes, son muchísimos años y no tenemos la obligación de estar juntos, estamos porque queremos. Y hemos cometido todos errores con respecto a los demás, hemos tenido momentos de egoísmo, y sin embargo seguimos, porque cuando componemos o cuando tocamos es donde la relación adquiere la dimensión que realmente tiene y la importancia que realmente tiene.

Parodi: Y creo que el momento más lindo, más sublime, es cuando estás tocando. A veces mirás al costado y decís: “Esto es lo que quiero hacer, con estos tipos que están acá”.

Peluffo: Es muy difícil que tres personas como nosotros, por cómo somos, se mantengan tanto tiempo juntas, porque hay una competencia de egos que no es voluntaria pero que si no está, no funciona. Pero cuando esa dinámica generaba tensiones importantes, esas tensiones nunca fueron para romper, sino para crear. Con Buitres, esa lucha llevó a que en distintos momentos aparecieran excelentes canciones y temas populares en los noventa, en los 2000 y ahora también. Cuando sacamos el (disco) Mientras, yo ya me daba cuenta de que éramos tipos bastante veteranos como para enganchar a la gente, porque andábamos rondando los 40 años. Sin embargo, ese disco caló masivamente, fue increíble, y eso pasó gracias a que la banda mantuvo la tensión. Porque si somos todos lindos, todos amigos y si algo me cae mal no me enojo, hubiéramos sido nada. Un flan.

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